Todos los seres desean conseguir felicidad eterna

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Solo hay un propósito en la vida: ser felices.

Todos sin excepción alguna de edad, país, clase social, buscamos  nitya ānanda, la plenitud eterna.

De manera errada y algo torpe, la felicidad la tratamos como un objeto, un logro, algo a conquistar, algo que requiere acción, y por ello la buscamos en lo impermanente.

Cuando conseguimos algo que se alinea con nuestros valores hay un destello de felicidad.  Pero esa felicidad que conocemos, son solo pequeños reflejos de la felicidad real que buscamos.  Confundimos la plenitud, con estos reflejos de felicidad que nos dan objetos (cosas, personas o situaciones).  Si la felicidad fuera un objeto sería muy fácil conseguirla, debemos entender que los objetos dan un cierto goce, pero tanto los objetos como la felicidad que estos nos brindan, son limitados.

Queremos que la felicidad que conseguimos con los objetos sea permanente (nitya). Sin embargo al ser todos ellos limitados, la felicidad que nos ofrecen es limitada e impermanente.  Ej.: Un helado de chocolate, una pareja, un nuevo trabajo, una meditación tienen en nosotros un efecto pasajero.

Se revisamos la lista de los deseos que hemos tenido durante nuestra vida, algunos se han cumplido y otros los hemos olvidado o reemplazado ya que hemos sido nosotros los que hemos cambiado según hemos ido creciendo.  Así pues hemos conseguido muchas cosas que nos han dado bienestar material y entretenimiento, sin embargo, a nuestros ojos, hoy,  seguimos viéndonos  carentes e incompletos, y nuestra lista de deseos sigue en constante e imparable  crecimiento y transformación.

Debemos entender que nuestros deseos no tienen nada que ver con la felicidad que buscamos. Porque un objeto, (cosa, persona o situación) no tienen intrínsecamente nuestra felicidad. Nada externo puede darnos aquello que realmente debemos buscar en nuestro interior.

En realidad desconocemos la naturaleza de la felicidad. Lo que estamos buscando es felicidad eterna e ilimitada, vernos libres del sentido de insatisfacción, limitación y carencia.  Debemos aprender a reconocer lo ilimitado, puro y perfecto en nosotros mismos, debemos aprender a reconocer a Dios en nosotros.