En una mente dispuesta es posible el autoconocimiento

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La filosofía del yoga habla de la verdad del ser, de lo que somos en realidad.  Para poder asimilar este conocimiento es importante la preparación de la mente para que este entendimiento perdure en el tiempo.

No se trata solo de practicar yoga y meditación para entrenar la mente, buscando la iluminación sin relacionarse con nadie o sintiéndonos insatisfechos.   Va más allá, debemos conocernos a nosotros mismos, conocer al personaje que representamos, tener contacto con sus deseos y descubrir su papel en la sociedad.   Meditar 20 horas al día no es vivir.  Vivir la vida no es una técnica en sí, por el contrario, es una reflexión constante, una forma de ver lo que nos sucede, como reflejo de nuestra personalidad y de nuestro karma.

Una mente preparada al autoconocimiento requiere:

  • Disposición para discernir: Con discernimiento podemos encontrar y reconocer fantasías y creencias que condicionan la forma en que vemos y creamos nuestro mundo y que nos están haciendo daño. Generalmente tenemos ideas ya preconcebidas, creencias y experiencias sobre nosotros, el mundo, los demás y Dios, que afectan nuestro juicio y nos hacen daño. Esas ideas son diferentes en cada civilización y cultura, y determinan la manera cómo nos interrelacionamos.

  • Disposición para escuchar: Si sabemos escuchar, controlamos la marea interna que siempre quiere hablar y añadir algo propio, nos damos tiempo de escuchar y entender a la otra persona para evitar interpretaciones teñidas con nuestra propia experiencia.

  • Disposición para expresar: Lo que está en nuestra cabeza debemos poder transmitirlo por medio de la palabra, del lenguaje, de manera simple y clara. Este conocimiento puede ser independiente de la experiencia o puede ser ratificado por la experiencia. Cuando somos capaces de expresar nuestra verdad, emociones, sentimientos y deseos con humildad, los demás tendrán la posibilidad de conocernos, amarnos y aceptarnos como somos.

No es necesario vivir nuevas experiencias o transformarnos, para ser libres, por el contrario debemos entender la plenitud que ya somos. Esta plenitud no se crea, es algo a ver mientras seguimos un estilo de vida que modifica nuestra la personalidad relativa, porque aprendemos sobre lo que ya sentimos y somos hoy, y lo aceptamos, a la vez que corregimos aquellos patrones de pensamiento que nos dañan.