Dharma

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Los valores éticos se llaman Dharma, son intrínsecos al ser humano y están grabados en el corazón de cada persona.

Debemos incluir e incrementar acciones dharmicas, es decir, fundamentadas en los valores, de forma gradual en nuestra vida y que abarquen los siguientes aspectos:

  1. Ofrenda a Dios: Si nos vemos solos y aislados, nos sentiremos incompletos. Necesitamos tener una relación cercana con la totalidad. Esto implica la invocación y el reconocimiento de Dios por medio de rituales que nos permitan expresar de forma física, verbal y mental, nuestro amor incondicional y nuestro agradecimiento hacia Él. Nuestras actividades mundanas no deben estar separadas de nuestra vida espiritual.
  2. Respeto y reverencia a la familia: La familia donde nace la persona es donde ésta se desarrolla y crece emocionalmente, gracias a los conflictos, roces, diálogos, etc. Así no nos guste, nuestra familia debemos reverenciarla, esto implica reunirse con la familia, solucionar problemas con algunos miembros y mantener fuertes los lazos que nos unen. Generalmente prevalece el individualismo, que es muy gratificante para la persona pero desastroso para la sociedad, porque solo miramos por nuestro bien personal.
  3. Preservación de la cultura: Debemos conocer la cultura en la que nacimos, ya que ésta forma parte de nuestra personalidad, hace parte de nuestra forma de pensar y de ver las cosas. La cultura debe ser aprendida, transmitida, defendida y practicada, de lo contrario se pierde con el paso de los años.
  4. Ofrecimiento y actividad desinteresada hacia los hombres: Debe haber un balance entre lo que consumimos y lo que contribuimos. Debemos contribuir sin esperar nada a cambio.
  5. Cuidado de la fauna, la flora, los minerales y el entorno físico: Debemos cuidar del planeta y del cosmos donde vivimos. Ser ecológicos, orar por las fuerzas celestiales, el aire, el agua, el sol, el calor, las fuerzas y leyes que rigen el universo.

Al entender que la ley del dharma y el karma son las manos de Dios, esto nos ayuda a crecer y la vida se convierte en el gran yoga.  Ya no necesitamos cerrar los ojos para meditar, porque se está meditando todo el tiempo mientras ofrecemos todos nuestros actos a Dios.