Los sabios no se quejan

15.1.1 frasesemana 15

El yogi primero ejecuta la acción y luego disfruta de los frutos de la acción, sabiendo que el resultado no lo puede controlar, ya que dependerá no solo de lo que está haciendo en esta vida, sino también de acciones realizadas en momentos anteriores, y de las diferentes variables presentes en el momento de actuar y que están fuera de su alcance.

De manera madura y objetiva, el yogi ve que todo lo que le sucede son hechos. Si las expectativas no se corresponden con los hechos, acepta las cosas como son y sabe que se debe al resultado de su karma.  No hace dramas, ni piensa que es injusto, es realista y está preparado para las experiencias desagradables.

La confusión viene cuando no hay discernimiento.  Esperamos una cosa y sucede otra diferente, entonces pensamos que es injusto lo que nos sucede, porque las cosas no salieron como habíamos planeado.  Tenemos una inhabilidad tremenda para aceptar los hechos y reconocerlos tal y como son. Al tener las expectativas puestas en un futuro imaginario y perfecto según nuestras preferencias, nos frustramos. 

Complementando lo anterior, el verdadero problema es esperar que todo lo que nos suceda sea bueno, es decir, que tenemos ilusiones en la cabeza en forma de expectativas erradas que nos hacen sufrir. Las experiencias de la vida no serán todas agradables.  El mundo, la acción y sus frutos son parte de la vida y no debemos ignorarlo, debemos abrazar tanto las experiencias agradables como las desagradables, las enfermedades y la muerte.

Por ejemplo:

  • Esperamos que alguien sea perfecto según nuestro criterio de perfección, pero cada persona tiene libre albedrío.  Incluso nuestra idea de la perfección cambia con el tiempo.
  • Queremos que no haya guerras, pero hay y seguirán habiendo guerras.
  • No queremos enfermar o morir pero esto hace parte de la vida.

 

El sufrimiento y la frustración disminuyen cuando:

  • Estamos a gusto con nosotros mismos, reconocemos nuestra posición en el mundo y lo que nos toca vivir en este entorno.
  • Reconocemos nuestros deberes, los hacemos bien y sin esperar una recompensa ni reconocimiento de los demás.
  • Crecemos espiritualmente con cada acción, ya que la dedicamos a Dios.
  • Estamos libres de expectativas, no queriendo cambiar a las personas o al mundo y les permitimos que sean como son. Aprendemos a soltar, dejar de controlar al mundo y a nosotros mismos.
  • No estamos recriminando, quejándonos, maldiciendo o criticando a otros.
  • Aprendemos a agradecer y reconocer todas las bendiciones que hay a nuestro alrededor, en nuestra vida y que se dan por hecho, por ejemplo el agua, la luz, el sol, los ríos, las lluvias, etc.

Todo esto nos libera del estrés y la ansiedad, consiguiendo así paz mental y ecuanimidad. Entendemos que nuestra felicidad no depende de la respuesta de otros, y los hechos se reconocen como son, hechos.

Con frecuencia damos por hecho muchas cosas y sufrimos a causa de la ignorancia, el apego y la aversión, lo que nos lleva a seguir nuestro patrón de quejas constantes, por ello debemos morar en este conocimiento una y otra vez hasta que lo interioricemos, porque se olvida con facilidad.