Dhāraṇā

Según las facultades de la mente que queremos desarrollar y de los beneficios que queremos alcanzar, podemos utilizar diferentes tipos de meditaciones.

La segunda de ellas es la meditación para concentrarse (Dhāraṇā): implica tener la capacidad de enfocar la mente en un lugar, sitio o región, interno o externo, y mantener este proceso en el tiempo hasta que con la práctica la mente se vuelve estable por sí misma y podemos expandir el conocimiento que tenemos sobre aquello en lo que nos concentramos.

Hay muchas maneras en que podemos concentrarnos, por ejemplo llevando la mente a: la respiración, un sonido, el silencio, una sensación, un dolor,  un color, una forma, un sabor, un pensamiento, una emoción, los āsanas durante la práctica de yoga,  incluso hacer ejercicios mentales de matemáticas, lo realmente importante es hacer una única tarea con la mente de manera constante sin perder la atención. 

Con la concentración adquirimos maestría sobre los sentidos, conquistamos los días y las horas, podemos restringir distracciones como: la tecnología, la crítica, el pasado y sus rencores, el futuro y la ansiedad de saber qué pasará. La mente se vuelve estable e íntegra lejos del caos emocional,  sin reacciones automáticas, con espacio interior, es grata, no busca fallos en los otros, no está agitada y sabe dar prioridad a nuestras acciones. 

Con la práctica constante nuestra mente estará preparada para concentrarse en algo que es nuestra vocación, sin requerir esfuerzo alguno, de manera automática y natural, ayudándonos a lograr nuestros objetivos materiales y espirituales, así como lo hace un pintor al volcar su mente a la creación de obras maravillosas, mientras se expresa y cultiva sus dones interiores.

Con esta herramienta tan valiosa aprendemos a ser maestros de nuestras acciones, donde cada pequeño día es una vida que vivimos intensamente.