Transformación

Según las facultades de la mente que queremos desarrollar y de los beneficios que queremos alcanzar, podemos utilizar diferentes tipos de meditaciones.

La cuarta de ellas es la meditación de mutación o transformación: Consiste en trabajar un valor relevante en nuestra vida en el que somos deficientes y en el que descubrimos gran importancia para nuestro crecimiento espiritual. 

Por ejemplo: Un practicante de yoga que no es generalmente una persona optimista y suele ver en todas las situaciones o personas que se acercan a su vida siempre el lado negativo. Para avanzar en su proceso de crecimiento, esta persona busca durante la meditación trabajar el positivismo a través de la visualización de esta cualidad en todos los aspectos que componen su vida. Crea en su mente un escenario en el que ya tiene ese valor, en donde dotado de optimismo es capaz de descubrir aún en las situaciones y personas que más le abruman o desagradan siempre un lado positivo.

Como la mente está compuesta de materia sutil, el objetivo de esta meditación es inyectarle nuevas formas que nos ayuden a modificar nuestros pensamientos y comportamientos. Al comienzo se genera un proceso de autosugestión, en donde la transformación aún no es auténtica ni sólida. Sin embargo con la repetición y la constancia podemos hacer que ese valor se asiente en nuestra psique y nos ayude a mejorar, ya no solo durante la meditación, sino que con la práctica continua, nuestra forma de actuar se va transformando poco a poco, adquiriendo estos nuevos valores de manera genuina y natural.

Este tipo de meditación nos permite decidir voluntariamente y sin presiones las personas que queremos ser ante nosotros mismos, el mundo y Dios. Pero principalmente nos hace responsables de nuestra propia evolución, donde no buscamos culpables de lo que nos sucede y no intentamos cambiar al mundo ni las personas que nos rodean.

Yo soy la totalidad

Según las facultades de la mente que queremos desarrollar y de los beneficios que queremos alcanzar, podemos utilizar diferentes tipos de meditaciones.

La tercera de ellas es la meditación de expansión: El objeto de esta meditación es el universo, la gloria del universo y la gloria de Dios.

Dios, la totalidad, el universo, son infinitos y lo contienen todo, son todo. Cuando contemplamos su grandeza y lo comparamos con nuestra existencia cambiamos nuestra percepción de la vida. Debido a que esta meditación nos ayuda a salir momentáneamente de nosotros mismos, Dios y su forma entran y ocupan ahora nuestra mente, se disuelve nuestro ego, nuestros problemas dejan de ser lo más importante del mundo, y nos damos cuenta que realmente nuestro sufrimiento y nuestros éxitos son diminutos en esta basta existencia, y así pierden su fuerza y poder sobre nosotros y nuestra autoestima.

Si miramos por ejemplo nuestra vida a los 90 años, y la comparamos con una piedra o un árbol grande, ellos son más viejos que nosotros, han existido por cientos de años, mientras nosotros vamos y venimos.  Y sin embargo estamos ensimismados, creyéndonos los poseedores del planeta, sin poder visualizar el sistema del que formamos parte.

Por otra parte, la filosofía del yoga nos enseña que nosotros somos la totalidad, es decir que si bien a nivel de nuestro cuerpo-mente-emociones formamos parte del universo, a nivel real el universo existe en nosotros, porque nuestra esencia única es Dios, somos inmortales, somos felicidad y plenitud, somos la causa del mundo, en nosotros mora el universo.

La reflexión, la contemplación y la meditación en este aspecto hacen que pierda peso la visión carente y limitada que tenemos sobre nosotros mismos.  Por lo tanto, en vez de vernos insignificantes, vemos al mundo, sus seres y sus experiencias contenidos en nuestro propio ser, porque nosotros somos la conciencia.

La contemplación es un valor y una prioridad a tener en nuestra vida, por ello en la meditación diaria podemos incluir relajación, concentración y expansión, para ayudarnos a ver la totalidad que ya somos.

Dhāraṇā

Según las facultades de la mente que queremos desarrollar y de los beneficios que queremos alcanzar, podemos utilizar diferentes tipos de meditaciones.

La segunda de ellas es la meditación para concentrarse (Dhāraṇā): implica tener la capacidad de enfocar la mente en un lugar, sitio o región, interno o externo, y mantener este proceso en el tiempo hasta que con la práctica la mente se vuelve estable por sí misma y podemos expandir el conocimiento que tenemos sobre aquello en lo que nos concentramos.

Hay muchas maneras en que podemos concentrarnos, por ejemplo llevando la mente a: la respiración, un sonido, el silencio, una sensación, un dolor,  un color, una forma, un sabor, un pensamiento, una emoción, los āsanas durante la práctica de yoga,  incluso hacer ejercicios mentales de matemáticas, lo realmente importante es hacer una única tarea con la mente de manera constante sin perder la atención. 

Con la concentración adquirimos maestría sobre los sentidos, conquistamos los días y las horas, podemos restringir distracciones como: la tecnología, la crítica, el pasado y sus rencores, el futuro y la ansiedad de saber qué pasará. La mente se vuelve estable e íntegra lejos del caos emocional,  sin reacciones automáticas, con espacio interior, es grata, no busca fallos en los otros, no está agitada y sabe dar prioridad a nuestras acciones. 

Con la práctica constante nuestra mente estará preparada para concentrarse en algo que es nuestra vocación, sin requerir esfuerzo alguno, de manera automática y natural, ayudándonos a lograr nuestros objetivos materiales y espirituales, así como lo hace un pintor al volcar su mente a la creación de obras maravillosas, mientras se expresa y cultiva sus dones interiores.

Con esta herramienta tan valiosa aprendemos a ser maestros de nuestras acciones, donde cada pequeño día es una vida que vivimos intensamente.

Relajación

Según las facultades de la mente que queremos desarrollar y de los beneficios que queremos alcanzar, podemos utilizar diferentes tipos de meditaciones.

La primera de ellas es la meditación para relajarse: Esta meditación necesaria hoy día para todos nosotros, involucra la inducción de pensamientos y formas que provocan la  relajación en la mente.

La relajación se consigue al elegir formas que en su mayoría están relacionadas con la naturaleza: un paisaje, la playa, los animales, una montaña, un bosque. Cómo la mayoría de nosotros no vivimos en la naturaleza y no tenemos la posibilidad de observar cada día durante un tiempo determinado un paisaje que nos calme y nos conecte con nuestras raíces, el pensar en ello nos ayuda a que la mente se relaje y se aquiete por asociación.   También podemos invocar la imagen de una deidad que tiene para nosotros un significado especial o visualizar cada parte de nuestro cuerpo relajándose mientras respiramos.

La meditación en la relajación es muy útil por el estilo de vida que hoy llevamos en el cual hay mucha aceleración. Ej.: Podemos recorrer físicamente medio planeta en un día gracias a los innumerables medios de transporte de alta velocidad.  Nuestro trabajo cada vez se hace más rápido gracias a los avances tecnológicos, lo que implica que cada vez tenemos más responsabilidades y más tensión por lograr lo que nos es solicitado. También podemos comunicarnos con cualquier parte del mundo en cuestión de segundos utilizando la tecnología actual.  Incluso podemos conseguir casi cualquier cosa con tan sólo dar clic en nuestros aparatos electrónicos.  Y por supuesto tenemos entretención fácil y variada rápidamente en las diferentes aplicaciones disponibles. Ya no es necesario esperar, la espera y el aburrimiento han pasado de moda.

Si pudiéramos retirar deliberadamente en algún momento del día los medios de transporte actuales y la tecnología, nuestra vida tendría menos velocidad y cambiaría en grandes proporciones.

El yoga y la relajación como una etapa primaria de la meditación, nos ayudan a detener un poco la velocidad en el cuerpo, la mente, la respiración y los sentidos. Los segundos se hacen aparentemente más largos y se puede disfrutar mejor del momento presente.

Samatvam – Ecuanimidad

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No tenemos varias mentes, una para meditar, otra para trabajar, otra para lidiar con la familia.  La misma mente que tenemos para trabajar durante el día es con la que meditamos por la tarde.

Tenemos una sola mente disponible y ésta absorbe impresiones durante todo el día. Cada emoción, situación o palabra, tanto positiva como negativa, dejan una impronta en nuestra mente, como una cicatriz.

Si tenemos un altercado con alguien y reactivamente decimos o hacemos cosas de las que luego nos arrepentimos, esa experiencia se quedará en la mente dando vueltas durante un tiempo y saldrá a flote durante la meditación, de manera que al sentarnos a meditar nuestra mente repetirá una y otra vez la experiencia vivida y argumentará para defenderse.

De la misma manera, si tenemos éxito en algo que deseamos y por lo que hemos trabajado mucho, la exaltación de la mente ante el logro creara un dialogo interno imparable que no nos permitirá meditar.

Por ello para tener éxito en nuestra meditación debemos preparar y equilibrar nuestra mente a lo largo del día y antes de sentarnos a meditar.  Esto se logra con Karma Yoga.

El principal beneficio de karma yoga es Samatvam – la ecuanimidad, hacemos lo que tenemos que hacer y recibimos los frutos de la acción con una actitud adecuada, con una mente objetiva ante lo agradable y lo desagradable.

Si no prestamos atención a nuestro actuar durante el día, aplicando todos los aspectos del karma yoga, entonces nuestra meditación va a ser perturbada, por los acontecimientos emocionales de gran impacto que hemos vivido y nuestra mente estará distraída en alguno de sus extremos: amor o miedo.

Cada vez que nos enfrentemos a una situación en la que la mente pueda ser alterada es mejor tomar un poco de distancia hasta calmarnos, para así responder a la situación de una manera serena. De lo contrario, si nos sumergimos en estas situaciones sin ningún tipo de autogestión, nuestra meditación se va a ver afectada durante días e incluso meses.

Nadie que no haya abandonado sus fantasías, preocupaciones, deseos, aversiones, ansiedad y que no tenga un mínimo de equilibrio en la mente se podrá sentar a meditar.

Bendita mente

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La mente no es mala, ni malvada. Pensar no es malo en sí, es simplemente el proceso natural de la mente.

Lo realmente malo son nuestras creencias e ideas equivocadas. El mal pensar es la causa del sufrimiento.  Vikṣepa es la distracción, la agitación, el no estar centrado, el empezar una tarea y no acabarla nunca, la fantasía. Es falta de enfoque, de prioridad, de claridad y de continuidad, para llevar a cabo lo que queremos tanto material como espiritualmente.

Esto se soluciona con Citta ekāgratā, la unidireccionalidad.  Esa capacidad de concentrar la mente y enfocarla hacia un único objeto de observación se consigue por medio de Upasana Yoga o meditación, que nos ayuda a recuperar la fuerza interior y nos prepara para tener éxito en cualquier tarea que emprendamos, gracias a que nos permite tener una mente serena y capaz de tomar decisiones adecuadas en cada momento.

La meditación es un ejercicio o actividad mental, que implica pensamientos. No estamos interesados en remover los pensamientos, sino en regular los que tenemos. No es el objetivo de la meditación controlar la mente, eliminar los pensamientos o parar la mente.  No hay que luchar contra los pensamientos, éstos van y vienen, cambian. Afortunadamente los pensamientos y emociones son dinámicos, sino estaríamos estáticos.

La mente es un instrumento de conocimiento que se fustiga y se  mortifica constantemente, pero sin mente no hay persona y sin mente para que queremos vivir.

El pensamiento y la mente son bendiciones de gran belleza cuando tenemos una visión adecuada sobre el mundo, sobre Dios y sobre nosotros mismos.  Cuando conocemos esta verdad, lidiamos con la mente y sus conflictos, y seguimos removiendo su ignorancia por medio del yoga hasta que podemos crear armonía en nuestra personalidad y consistencia en nuestra vida.

Karma yoga

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Karma yoga integra: la acción – karma, los valores éticos – dharma, el desapego – vairāgya.   Influye en todos los aspectos de nuestra vida 24/7 (24 horas al día, 7 días a la semana), se practica todos los días de la semana, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos.

Es el arte de saber vivir bien, en tener una visión y actitud correcta acerca de los demás, del mundo, de Dios, de la vida, sobre sí mismo, sobre el trabajo. Supone ocupar el lugar que nos corresponde en el mundo de acuerdo a nuestros roles, nuestros talentos y nuestra edad. Una vida de karma yoga nos permite reaccionar adecuadamente ante los eventos desagradables como la enfermedad, la escasez, y las cosas que no salen como esperamos.

Los beneficios de su práctica son:

a) Satisfacción: El karma yoga nos da satisfacción en la propia acción (karma ānanda). Hacemos bien los papeles que nos corresponde hacer: en el trabajo, en la familia, en la sociedad, en el país y entorno en el que vivimos. Supone un cambio cognitivo el encontrar satisfacción de manera espontánea en lo que hacemos, no solo lo que nos gusta, sino también en lo que tenemos que hacer aunque no nos guste. El karma yogi deriva su felicidad en sí mismo y no en el fruto de la acción.

b) Serenidad: El karma yogi es una persona más serena que aprende a quitarse tensión y ansiedad, ya que no coloca las expectativas de la felicidad en los frutos de su acción y tiene en cuenta que una vez que lanza una acción al mundo ya no tiene el control de todas las variables que afectan el resultado. Es realista, objetivo y práctico, si el resultado de la acción coincide con lo que espera, lo recibe como una bendición, de lo contrario lo recibe como un aprendizaje y decide: volver a hacer, no hacer o hacer diferente su acción.

c) Armonía social: El karma yogi es el mayor ecologista porque tiene una visión de la totalidad, y busca la armonía social. Como no se ve separado de los demás, tiene en cuenta las necesidades de las otras personas y del entorno, y sus oraciones no se limitan a el mismo, a su familia, o a su país, sino a todo el universo.

d) Crecimiento espiritual: El karma yoga da purificación a la mente. Crea una mente que no es esclava y que no actúa en servidumbre de los apegos y las aversiones, una mente que entrega todas sus acciones a Īśvara.

Con la práctica constante, comprendemos que hay un orden y que cada fruto de la acción viene de Dios, no hay nada injusto, porque él no reparte las experiencias de manera aleatoria, ni para castigar o premiar. Ya no existe la queja sino por el contrario el aprendizaje, la tolerancia y la aceptación. Reconocemos que la ley del dharma y la ley del karma son las manos de Dios, y esto nos ayuda a crecer espiritualmente, así la vida se convierte en el gran yoga, meditando con los ojos abiertos al ofrecer nuestra acción a la totalidad con devoción.

Ofrenda – Yajña

16.1.1. frasesemana16

Si Dios viniera a mi casa ¿cómo lo trataría?

Le lavaría los pies, le daría de comer, le ofrecería la mejor habitación, porque es El Señor, y lo que haga por Él es con todo mi corazón.

El yogi reconoce a Dios en todo lo que le es dado y en todos los seres del universo: El agua, el sol, el viento, el fuego, la tierra, los alimentos, los animales, los seres celestiales, el cuerpo, los sentidos, la mente, la inteligencia, las actividades de la casa, cuidar a los hijos o a los padres, el trabajo, las enfermedades, las desavenencias, los enemigos, y un largo etc.  Por ello sus acciones hacia el entorno y hacia los demás son predominantemente sattvicas, las hace con todo el corazón, dando más de lo que recibe, convirtiéndose en un verdadero contribuidor a la sociedad y al ecosistema. Ya no piensa únicamente en él, por el contrario, da libremente todo aquello que tiene tangible e intangible. Su actitud y su actuar son completamente devocionales.

Por lo tanto, lo que viene a nuestra vida debemos aceptarlo con agradecimiento, sin quejarnos, porque es justo, porque viene de Dios y es Dios mismo. Lo que ha de hacerse lo hacemos porque es lo que se espera de nosotros, de manera libre sin esperar nada a cambio.

Cuando debemos hacer lo que no nos gusta, entregamos nuestra acción a Dios como una ofrenda a Él.  Si solo lo hacemos por el beneficio final obtenido, se genera una presión en el pecho, hay agobio y estrés; se crean ataduras hacia el fruto que vamos a conseguir con nuestra acción.

Debemos aprender a tener la actitud de devotos que ven el rostro de Dios en todo. Y como todo es Dios debemos preocuparnos por ser conscientes de cada acción que realizamos, que la acción salga del corazón y que la hagamos con la mejor intención que podamos, así nadie nos vea. No nos debe importar el reconocimiento de los demás, solo nos debe importar nuestro propio dharma.

Si se ofrece a Dios cada acción (Yajña), incluso aquellas que debemos hacer pero que no nos gustan, se libera la ansiedad, el estrés, el miedo y la preocupación.

 

Los sabios no se quejan

15.1.1 frasesemana 15

El yogi primero ejecuta la acción y luego disfruta de los frutos de la acción, sabiendo que el resultado no lo puede controlar, ya que dependerá no solo de lo que está haciendo en esta vida, sino también de acciones realizadas en momentos anteriores, y de las diferentes variables presentes en el momento de actuar y que están fuera de su alcance.

De manera madura y objetiva, el yogi ve que todo lo que le sucede son hechos. Si las expectativas no se corresponden con los hechos, acepta las cosas como son y sabe que se debe al resultado de su karma.  No hace dramas, ni piensa que es injusto, es realista y está preparado para las experiencias desagradables.

La confusión viene cuando no hay discernimiento.  Esperamos una cosa y sucede otra diferente, entonces pensamos que es injusto lo que nos sucede, porque las cosas no salieron como habíamos planeado.  Tenemos una inhabilidad tremenda para aceptar los hechos y reconocerlos tal y como son. Al tener las expectativas puestas en un futuro imaginario y perfecto según nuestras preferencias, nos frustramos. 

Complementando lo anterior, el verdadero problema es esperar que todo lo que nos suceda sea bueno, es decir, que tenemos ilusiones en la cabeza en forma de expectativas erradas que nos hacen sufrir. Las experiencias de la vida no serán todas agradables.  El mundo, la acción y sus frutos son parte de la vida y no debemos ignorarlo, debemos abrazar tanto las experiencias agradables como las desagradables, las enfermedades y la muerte.

Por ejemplo:

  • Esperamos que alguien sea perfecto según nuestro criterio de perfección, pero cada persona tiene libre albedrío.  Incluso nuestra idea de la perfección cambia con el tiempo.
  • Queremos que no haya guerras, pero hay y seguirán habiendo guerras.
  • No queremos enfermar o morir pero esto hace parte de la vida.

 

El sufrimiento y la frustración disminuyen cuando:

  • Estamos a gusto con nosotros mismos, reconocemos nuestra posición en el mundo y lo que nos toca vivir en este entorno.
  • Reconocemos nuestros deberes, los hacemos bien y sin esperar una recompensa ni reconocimiento de los demás.
  • Crecemos espiritualmente con cada acción, ya que la dedicamos a Dios.
  • Estamos libres de expectativas, no queriendo cambiar a las personas o al mundo y les permitimos que sean como son. Aprendemos a soltar, dejar de controlar al mundo y a nosotros mismos.
  • No estamos recriminando, quejándonos, maldiciendo o criticando a otros.
  • Aprendemos a agradecer y reconocer todas las bendiciones que hay a nuestro alrededor, en nuestra vida y que se dan por hecho, por ejemplo el agua, la luz, el sol, los ríos, las lluvias, etc.

Todo esto nos libera del estrés y la ansiedad, consiguiendo así paz mental y ecuanimidad. Entendemos que nuestra felicidad no depende de la respuesta de otros, y los hechos se reconocen como son, hechos.

Con frecuencia damos por hecho muchas cosas y sufrimos a causa de la ignorancia, el apego y la aversión, lo que nos lleva a seguir nuestro patrón de quejas constantes, por ello debemos morar en este conocimiento una y otra vez hasta que lo interioricemos, porque se olvida con facilidad.

Rāga – Dveṣa

14.1.1.fraesemana14

Uno de las grandes tareas del yogi es descubrir el problema universal que caracteriza al ser humano: la dependencia, la adicción y las muletas psicológicas que utiliza para tener sentido de felicidad, como son:

  • Rāga: Apego, dependencia emocional. La mente del que tiene raga busca únicamente su propio beneficio, es egoísta y condicional “te quiero solo si”. También tiene tensión y presión por mantener a toda costa lo que le da confort. Es una mente vacía, débil, que no tiene la capacidad de tener satisfacción en sí misma y necesita cosas exteriores, esto nubla el intelecto y no puede tomar decisiones dharmicas.
  • Dveṣa: Aversión. Esta mente solo quiere vivir situaciones agradables, y ante cualquier calamidad se derrumba y sufre. Es una mente que vive en la fantasía pensando que todo debe ser perfecto y lo que le desagrada lo rechaza vehementemente.
  • Pravṛtti: Lo que queremos, lo queremos conseguir a toda costa. Es la mente del hombre moderno que siempre quiere mejorarse añadiéndose algo: un nuevo trabajo, una nueva casa, una pareja, y un largo etc., pero nunca va a ser suficiente lo que consiga para verse completo y feliz.
  • Nivṛtti: Lo que tenemos no nos gusta y lo queremos eliminar a toda costa. Es la mente de la persona que busca afanosamente quitarse algo que consiguió con anterioridad, porque se ha convertido en un problema o ya no le da felicidad, esto le genera aversión: un trabajo, una casa, una pareja, y un largo etc.

Esto genera tensión, sentido de ansiedad, frustración, ira, entre otros, porque no puedo hacer, tener o dejar de tener siempre lo que quiero.

El yogi con su práctica constante destruye la mente problemática, reactiva e ignorante, que sufre constantemente si las cosas no salen como quiere.   Así consigue una mente saludable y disponible, que actúa con base en los hechos de lo que le sucede en la vida.  Los hechos son hechos y no se resiste a ellos, no valora su éxito en función de lo que consigue o desecha.  Es realista y sabe trabajar con la realidad, con los hechos agradables, desagradables, dolorosos y felices.

Con desapego, objetividad y ecuanimidad vemos las cosas con perspectiva y no colocamos nuestra felicidad en cosas, personas o situaciones.

Viendo las muletas psicológicas, creando un estilo de vida de karma yoga, de valores y de dharma, nos liberamos de un peso enorme, la mente se hace silenciosa y recuperamos así nuestra libertad.