Yo soy la totalidad

Según las facultades de la mente que queremos desarrollar y de los beneficios que queremos alcanzar, podemos utilizar diferentes tipos de meditaciones.

La tercera de ellas es la meditación de expansión: El objeto de esta meditación es el universo, la gloria del universo y la gloria de Dios.

Dios, la totalidad, el universo, son infinitos y lo contienen todo, son todo. Cuando contemplamos su grandeza y lo comparamos con nuestra existencia cambiamos nuestra percepción de la vida. Debido a que esta meditación nos ayuda a salir momentáneamente de nosotros mismos, Dios y su forma entran y ocupan ahora nuestra mente, se disuelve nuestro ego, nuestros problemas dejan de ser lo más importante del mundo, y nos damos cuenta que realmente nuestro sufrimiento y nuestros éxitos son diminutos en esta basta existencia, y así pierden su fuerza y poder sobre nosotros y nuestra autoestima.

Si miramos por ejemplo nuestra vida a los 90 años, y la comparamos con una piedra o un árbol grande, ellos son más viejos que nosotros, han existido por cientos de años, mientras nosotros vamos y venimos.  Y sin embargo estamos ensimismados, creyéndonos los poseedores del planeta, sin poder visualizar el sistema del que formamos parte.

Por otra parte, la filosofía del yoga nos enseña que nosotros somos la totalidad, es decir que si bien a nivel de nuestro cuerpo-mente-emociones formamos parte del universo, a nivel real el universo existe en nosotros, porque nuestra esencia única es Dios, somos inmortales, somos felicidad y plenitud, somos la causa del mundo, en nosotros mora el universo.

La reflexión, la contemplación y la meditación en este aspecto hacen que pierda peso la visión carente y limitada que tenemos sobre nosotros mismos.  Por lo tanto, en vez de vernos insignificantes, vemos al mundo, sus seres y sus experiencias contenidos en nuestro propio ser, porque nosotros somos la conciencia.

La contemplación es un valor y una prioridad a tener en nuestra vida, por ello en la meditación diaria podemos incluir relajación, concentración y expansión, para ayudarnos a ver la totalidad que ya somos.

Dhāraṇā

Según las facultades de la mente que queremos desarrollar y de los beneficios que queremos alcanzar, podemos utilizar diferentes tipos de meditaciones.

La segunda de ellas es la meditación para concentrarse (Dhāraṇā): implica tener la capacidad de enfocar la mente en un lugar, sitio o región, interno o externo, y mantener este proceso en el tiempo hasta que con la práctica la mente se vuelve estable por sí misma y podemos expandir el conocimiento que tenemos sobre aquello en lo que nos concentramos.

Hay muchas maneras en que podemos concentrarnos, por ejemplo llevando la mente a: la respiración, un sonido, el silencio, una sensación, un dolor,  un color, una forma, un sabor, un pensamiento, una emoción, los āsanas durante la práctica de yoga,  incluso hacer ejercicios mentales de matemáticas, lo realmente importante es hacer una única tarea con la mente de manera constante sin perder la atención. 

Con la concentración adquirimos maestría sobre los sentidos, conquistamos los días y las horas, podemos restringir distracciones como: la tecnología, la crítica, el pasado y sus rencores, el futuro y la ansiedad de saber qué pasará. La mente se vuelve estable e íntegra lejos del caos emocional,  sin reacciones automáticas, con espacio interior, es grata, no busca fallos en los otros, no está agitada y sabe dar prioridad a nuestras acciones. 

Con la práctica constante nuestra mente estará preparada para concentrarse en algo que es nuestra vocación, sin requerir esfuerzo alguno, de manera automática y natural, ayudándonos a lograr nuestros objetivos materiales y espirituales, así como lo hace un pintor al volcar su mente a la creación de obras maravillosas, mientras se expresa y cultiva sus dones interiores.

Con esta herramienta tan valiosa aprendemos a ser maestros de nuestras acciones, donde cada pequeño día es una vida que vivimos intensamente.